Nuestros hijos, ¿persiguen sus sueños o los nuestros?

Como padres, un punto que debemos tomar en consideración es la forma en que queremos que nuestros hijos se desarrollen en el cumplimiento de sus metas o de las nuestras.

No siempre tenemos la capacidad de conocer o darnos cuenta lo que realmente les apasiona, sino que nos enfocamos en lo que a nosotros nos apasiona, o en lo que no pudimos ser por cualquier circunstancia de la vida.

En realidad, lo que debería importarnos es su felicidad a plenitud y esto se consigue dejándoles experimentar sanamente diferentes actividades. Solo así podrán descubrir lo que realmente son o quieren. Tomando en consideración el ámbito académico en el aprendizaje, es posible que nuestro hijo no sea bueno en matemáticas, lengua o idiomas, pero sus fortalezas se encuentran en arte, la música o el deporte, por dar un ejemplo. Es allí donde como padres debemos valorar ese esfuerzo y tratar de enfocarnos en potencializarlo brindándole las herramientas necesarias para que se sienta apoyado y pueda seguir mejorando diariamente, pero de una forma plena, no obligado ni frustrado como ocurre en muchos casos.

Creo que parte del fracaso de un hijo va de la mano con nuestra perspectiva de vida. Durante generaciones ha existido la creencia de que, si no eres un gran doctor, ingeniero, abogado o arquitecto, entre otras profesiones, no eres importante, pero ¿quién dice con certeza que si te apasiona la música, el deporte o el arte no puedes llegar a ser exitoso?

Nuestro error está en pensar que para encajar en la sociedad solo debemos tener un título ostentoso, sin medir la satisfacción personal de nuestros hijos; pienso que lo más importante de todo es que hagan con amor y perseverancia lo que realmente desean, sin pensar en lo que los demás esperan que hagan.

Como docente y como madre quisiera tener el rol de orientar a mi hijo a que siempre tenga en cuenta sus principios, valores y sus sueños. Claro está que, a lo largo de la vida, se van dando cambios y los padres deberíamos estar preparados para afrontarlos y ayudarlos a enfocarse, que no se detengan, que si es necesario un cambio de dirección puedan hacerlo con una perspectiva clara y no caigan en un círculo vicioso, sin un objetivo, lo cual, en lugar de llevarlos a la felicidad, puede llevarlos a un limbo.

Ser padres, formadores o docentes es un constante descubrimiento. Lo que pensamos ahora puede cambiar mañana. Sin embargo, lo que nunca debería cambiar es el anhelo de felicidad para nuestros hijos.

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